Iglesia de San Juan de Dios donde se pomulgó la primera Carta Magna del Estado de México
Desde el 2 de marzo de 1824, ha sido cuna de grandes mujeres y hombres que han contribuido al desarrollo de la vida social, económica, política y cultural de la entidad.
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"El mayor bien político se da cuando un pueblo
educado y un gobierno sabio reconocen las
necesidades de desarrollo de su sociedad y
las ponen en marcha conjuntamente,
armoniosamente."
José María Luis Mora.
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Texcoco, México. (Texcoco Mass Media).- Eran los años mozos después de haberse consumado la independencia de la nación, una época de inestabilidad, una etapa donde se formaron los orígenes de los estados actuales. Fue entonces cuando en discusión por el entonces diputado José Manuel Ramos Arizpe, se aprobó el 20 de diciembre de 1823, que las provincias de México y Michoacán se elevaran a la categoría de estados.
De pronto ahí, esa mañana en la sesión, los rumores y cuchicheos cesaron, con voz clara el Congreso Constituyente leyó el Acta Constitutiva, donde los principios de Patria, Libertad, Trabajo y Cultura quedaban estipulados, muchos sonrieron, otros se levantaron y aplaudieron, algunos más simplemente asintieron, se había dado la conformación del Estado de México aquel 2 de marzo de 1824.
Y la historia continúa, no era suficiente, aunque todavía en la Ciudad de México los miembros del Congreso mexiquense redactaron la primera Carta Magna estatal, fue en Texcoco convertida en la segunda capital de su historia, que el destacado José María Luis Mora, padre del liberalismo mexicano, en el Convento Hospital de Nuestra Señora de Los Dolores de San Juan de Dios, se puso de pie, con su semblante característico tomó las valiosas hojas que traía en las manos y leyó fuerte y claro.
Los presentes escucharon con atención, respetaban a Don José María, no sólo por su destacada labor, sino también por su forma de pensar, mientras él recorría cada una de las líneas del texto, muchos recordaban lo escrito en uno de sus ensayos, aquella cita que dice:
“Pero los gobiernos no escarmientan a pesar de tan repetidos ejemplos. Siempre fijos en el momento presente descuidan del porvenir. Su principal error consiste en creer que todo lo pueden, y que basta insinuar su voluntad para que sea pronta y fielmente obedecida. Tal vez vuelvan sobre sí cuando no hay remedio, cuando se han desconceptuado y precipitado a la nación en un abismo de males”.
Así, los constituyentes estaban ahí para evitar esos males, por eso y con la voluntad de hacer bien las cosas por su nación, en la presencia de José María Luis Mora y de Melchor Múzquiz, primer Gobernador de la entidad, se sentaron las bases, las leyes, las normas para enaltecer y ordenar al Estado de México, fue esa mañana del 14 de febrero de 1827, en Texcoco de Mora, cuando se promulgó la primera Constitución Liberal del estado.
Mexicanos por patria y provincia
responsables en este momento
son un solo y viril sentimiento;
son un alma de fuerza y de amor.
Desde aquellos años, el Estado de México ha sido cuna de grandes mujeres y hombres que han contribuido al desarrollo de la vida social, económica, política y cultural de la entidad, sus aportaciones en diferentes ámbitos han puesto en el camino del desarrollo al estado, como Isidro Fabela, quien impulsó la industrialización de este.
Con sus raíces arraigadas, los pueblos Matlazincas, Mazahuas y Nahuas le dan identidad a la región, sus fiestas y tradiciones enaltecen el orgullo mexiquense, en sus mitos y leyendas se plasma el misticismo de sus calles y plazas, sus monumentos y arquitectura recuerdan la historia de un pueblo, su música y gastronomía invitan al turista y al mexiquense a compartir su sentimiento nacionalista.
A 184 años de su formación, y así como hoy en la Iglesia de San Juan de Dios donde fue la cuna de los principios de la entidad, se cambia la imagen, se restaura, se renueva, es también momento de preguntarnos en lo que le hemos dado a nuestra casa, y hacer conciencia por las satisfacciones recibidas para mejorar nuestro territorio, nuestro hogar: El Estado de México.