Las campañas político electorales han terminado. Los discursos cargados de promesas también, pero estos solo viven un receso forzoso, porque se acerca el informe de los presidentes municipales, unos ya se han realizado, los otros se harán seguramente sin gran boato, porque ya hicieron las maletas los ayuntamientos de los partidos opositores al viejo y ahora rejuvenecido PRI, y en seguida, el 17 de agosto protestaran los ayuntamientos electos para el periodo 2009 – 2012.
Pero hoy no habré de referirme a la contaminación auditiva de los discursos mal elaborados de los políticos, sino a la provocada por los automotores con bocinas que anunciaron las tan gastadas y desprestigiadas campañas políticas, hasta la oferta de una nueva pastelería; sin olvidar, por supuesto, el ruido de los anuncios de bailes, circos, ferias y hasta venta de artículos para el aseo y enseres diversos.
Aunque no para ahí, a esa contaminación también contribuye tiendas como la de los “abonos chiquitos”, Electra, Milano y otras de ese consorcio del señor Ricardo Salinas Pliego. Más la que generan los taqueros de las esquinas con su TV o radio al más alto volumen, que ya de por si el olor y la insalubridad serían suficientes para que una autoridad con un mínimo de ética los retirara, pero no. Los lunes del tianguis, cuya contaminación alcanza varias manzanas a la redonda de donde se le ocurrió al perredismo confinarlo, en vez de retirarlo ya y para siempre del municipio. ¿Cuánto le deja al Alcalde mantener ese traspatio de mercancía de segunda, de dudosa procedencia y lleno de peligros para los ingenuos compradores?
La contaminación no para ahí, basta estar cerca de una base de ruleteros para aturdirse con el sonido de los claxon, de sus motores, sus radios a todo volumen y por si fuera poco, sus platicas llenas de improperios y bajezas que se han convertido en una calamidad para aquellos que tienen la desgracia de vivir, trabajar o transitar por esos lugares. Los camiones de pasajeros y las camionetas Van de todas las líneas, tanto regulares como irregulares, cuyos chóferes ponen el volumen de sus radios o estéreos tan alto que en poco tiempo alcanzan un grado cercano a la idiotez, antes que a la sordera, los pasajeros protestan, pero la respuesta es grosera y agresiva.
Contaminación auditiva la hay por doquier. Las autoridades que llegan habrán de resolver de una vez y para siempre problemas de esta índole. Un tianguis que tiene que irse, ya cumplió la función social por la que se creo al final de la década de los 70s. Se tienen que ir los carros de sonido que interrumpen cualquier conversación por el excesivo volumen que emplean para meter la publicidad de bailes, candidatos, circos y hasta del cabaret.
Los diputados locales, Texcoco tiene dos, el licenciado Bernardo Olvera del PRI y el licenciado Constanzo De la Vega del PRD, tienen que hacer valer la legislación que prohíbe a los transportes públicos usar radios o aparatos de sonido que distraen a los chóferes e incomodan a los pasajeros, salvo las excepciones consignadas en el reglamento respectivo.
El ayuntamiento tendrá que ser celoso vigilante de las formas que guarden a la sociedad de los peligros y bajezas de la muy molesta contaminación auditiva, misma que ya alcanza en algunas personas un problema serio de salud.
El gobierno municipal, deberá encontrar mejores formas de publicidad y propaganda para su propios fines y evitar, pese a todo, la contaminación auditiva tan nociva como la visual.
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