Tenemos que juntar los 70 pesos de la renta del organillo: Mario Cruz, organillero.
Toca don Mario Cruz Hernández en el merito centro de Texcoco.
Texcoco, México.- (Texcoco Mass Media).- Muchos van con su traje beige y su gorra característica, como policía de tránsito de los años 50, nostalgia va y nostalgia viene, el cilindro o el organillo camina por estas calles de Texcoco para arriba y para abajo, asentándose en un monopié, que lo fija al piso para tocar como dice la canción de Javier Solís:
Amigo organillero
arranca con tus notas
pedazos de mi alma
no importa que el recuerdo
destroce mis entrañas
tú sigue toca y toca
El organillo se inventó a principios del siglo XIX en Inglaterra, y poco a poco se han ido terminando sólo que el ingenio del mexicano ha contribuido a preservarlos del olvido perpetuo.
Mario Cruz Hernández, organillero por convicción y desempleado por obligación, nacido en el mismo lugar que Benito Juárez, San Pablo Guelatao, Oaxaca, trabaja como puede y en donde se puede, que junto con su socio llevan un poco de música al meritito centro de Texcoco.
Pensionado y con 77 años a cuestas, reflexiona que tiene que buscarle, pues no alcanza, y que hay días que saca 100 o 120 pesos. “¿A mi edad –dice-, a dónde me dan trabajo?”.
Dice que su organillo puede tocar alrededor de 20 canciones en poco más de una hora.
Se vino a los 28 años de su ciudad natal, y empezó trabajando en una empresa cerca de Vallejo, le dieron una jubilación de poca monta.
Tiene cinco hijos, tres hombres y dos mujercitas, ya todos se casaron.
- ¿Ya no los ve, Don Mario?
- Sí, unos ahí están en la casa; otros se casaron y se fueron.
- ¿Y usted por dónde vive?
- En San Vicente Chicoloapan, por la parada de piedras.
- ¿Y el joven que está tocando el organillo es su ayudante, su familiar…?
- Rentamos el organillo, 70 pesos diarios para pagarle al dueño.
- ¿Sí coopera la gente?
- Sí, lo que caiga, un tostón, un peso… aquí estamos todo el día, 5 o 6 de la tarde y ya nos vamos.
- ¿Cree que algún día se acabe este oficio? Pues ya hay muy pocos organilleros
- No, hay muchos. Antes había uno o dos, ahora hay como seis o siete, que vienen a tocar aquí cerca de donde yo vengo.
- Bueno pues ya nos tenemos que ir, porque ya van a salir los niños de la escuela, y luego estamos amontonados.
Van cargando su organillo, con 40 kilos a cuestas, como una gran cruz de penitencia.
© Alianzatex.com 2010