Nicolás Maldonado Meraz para Alianzatex
Publicada: Diciembre 13, 2011

Presbítero José Alejandro Márquez Zamora, Formador del Seminario Mayor San José de Tulancingo, Hidalgo. TEXCOCO PHOTO
Tulancingo, Hidalgo.- (Texcoco Mass Media).- Los jóvenes seminaristas llegan más por vocación que por necesidad. Con esta aseveración el presbítero José Alejandro Márquez Zamora, Formador del Seminario Mayor San José de Tulancingo, Hidalgo, comienza el diálogo con www.alianzatex.com
Vocación no es moda, influyen factores diversos, falta de fe, no hay involucramiento familiar en la participación religiosa. Enfrentamos en la iglesia una pobreza en cuanto a compromiso. El joven, o desde niño, no tiene la curiosidad por saber que es el seminario o el sacerdote.
Llega también el aspirante al sacerdocio, al estar incorporado el seminario a la SEP, se ve como escuela de bajo costo. Esa es otra razón por la que llegan, pero es mínimo quien lo hace por ello.
Cuando inicia el itinerario de formación el seminarista, tiene que madurar en una recta intensión, tener siempre claro quién soy y hacía dónde voy. Cuál es mi identidad, de ahí parte todo.
La formación de los seminaristas la califica el reverendo Márquez Zamora como una tarea enorme. Como seres humanos que somos, a veces nos atemoriza. Pero Dios es Dios.
El formador comparte todo, a veces se pregunta qué es el seminario. Pero no es lo que la mentalidad medioeval ha relevada al paso de los años. El seminario lo describe muy bien Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores Dabo Vobis.
“En este sentido el Seminario en sus diversas formas y, de modo análogo, la casa de formación de los sacerdotes religiosos, antes que ser un lugar o un espacio material, debe ser un ambiente espiritual, un itinerario de vida, una atmósfera que favorezca y asegure un proceso formativo, de manera que el que ha sido llamado por Dios al sacerdocio pueda llegar a ser, con el sacramento del Orden, una imagen viva de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia”.
¿De qué serviría tener un seminarista docto pero humanamente limitado? El sacerdote debe formarse integralmente y la formación va respetando cada etapa de los seminaristas.
Como formador contribuyo con el acompañamiento. Estoy comprometido con el seminario. Amo el seminario. Estoy al pendiente, vigilante de la gente que me ha sido encomendada. Desde mi propio ser, doy todo.
Los formadores llevan capacitación. Hacemos escrutinios, vemos la idoneidad de cada candidato al sacerdocio. Los jóvenes se apoyan en su director espiritual. No hay imposición. Ellos escogen con toda libertad, al que más confianza le tiene.
En la reunión como equipo se analiza la madurez del candidato propuesto. Bajo la guía del Espíritu Santo se le acepta, se le recibe. Pero debe mejorar aspectos donde no ha alcanzado a madurez. Quién me llama. Quién es el llamado y Quién me recibe. Armonizamos estos tres aspectos. Solo así se considera digno al seminarista para alcanzar el sacerdocio.
Las pasiones humanas.
La gracia no supone la naturaleza. Lo de Dios no separa lo humano. Aspecto central de la formación de la persona es la educación de su capacidad de amar maduramente. En la formación al sacerdocio de rito latino, ésta exigencia se integra en la preparación para asumir maduramente el compromiso del celibato. Todo ello postula fuertemente a una formación afectiva y sexual, no en la línea de la represión sino en la de la sublimación. Con el potenciamiento de las capacidades de relación interpersonal y de creatividad.
Decir: la vida del sacerdocio tiene estas implicaciones. No vivimos casados, porque la razón más práctica, es la que presume que si tienes esposa no podrás estar al 100% ciento al servicio de Dios. La consagración a un estilo de vida, al seminarista se le enseña a mostrar sus afectos pero con madurez. Recordarle siempre quien es. Los sacerdotes pueden hablar con cualquier persona, pero hay que tratarlos desde la identidad de seminarista, sacerdote, etc.
El equipo formador, señalado en el clima formativo, tiene la unanimidad de criterio. La base del camino es la iglesia. La transformación profunda del seminarista se da a partir de la Biblia, de La Palabra de Dios.
La formación y en la vida del sacerdocio, la perspectiva que se tenga únicamente se debe encauzar. En el Seminario San José se colabora con alegría. Dar resultados en donde Dios me ponga, esa es mi vivencia, mi aspiración y ofrezco no solo conocimientos, sino compartir la fe.
En el ministerio, en la vivencia cotidiana más que enseñar es compartir cada día. El secreto del formador es la fe. La trascendencia. Solamente por la fe se entiende y se vive a Dios.
La formación es un servicio que implica disciplina, educación. Seminario es un entrenamiento. No puede relajarse la disciplina. La vida en el sacerdocio es fuerte, tiene muchos caminos, por eso es necesaria la presencia del formador en el aspecto de la disciplina. Debe amar el formador sabiamente. El interés para formar, es que el seminarista sea mejor que el propio formador.
Dispuesto a sacrificarse por el seminarista. La donación de uno mismo, es la donación diaria. La vida propia, el interés común sobre el interés personal. Soy de Dios, la familia sigue siendo una vivencia, un vínculo es la sangre.
José Alejandro Márquez Zamora se ha convertido en el Maestro que enseña a vivir. Guía para un seminarista que tal vez lo tuvo casi todo. Cautiva su sinceridad, su calidez. Esta en el apostolado, en paz. Refleja en sus palabras, en sus ademanes, santidad. Trasmite ese necesario sosiego para continuar con el tráfago de la vida, que todos los hombres buscan por razón natural.