Jueves, Abril 24, 2014

Sociedad

Texcoco "vecindades" con olor a sexo

MTI/ Texcoco Mass Media/Samantha Venegas
Publicada: Diciembre 23, 2011

Toda una empresa el manejo de bares, table dance y "vecindades" en cuando menos cinco estados del país. ANOTO / TEXCOCO PRESS

Texcoco, México.- (Texcoco Mass Media).- En la cercanía de la colonia Buenos Aires, en Tezoyuca, un grupo de mujeres se alista para salir a trabajar. Son cuatro damas que en punto de las cinco de la tarde abandonan los cuartos que tienen en renta. Son sexo servidoras que todos los días se desplazan a diferentes lugares de la zona.

Es sábado, deben estar en su lugar de trabajo a más tardar a las siete de la noche. Salvador*, un hombre de no más de 30 años, las espera en una camioneta tipo Van. En el trayecto, ellas dialogan con las reservas del caso, tienen miedo, mucho miedo. Lo mismo le sucede al joven, que dice apenas haber llegado del estado de Puebla para trabajar en la cadena de bares, tables y cuartos sexuales que se extienden en varios estados del país.

En la carretera, dos de las mujeres descienden, tendrán que esperar que llegue otro transporte para llevarlas al municipio de La Paz; mientras, las otras dos continúan su viaje a Tecamac. En una colonia de Ecatepec, se detiene la camioneta, donde recoge a otras cinco mujeres, que también van a Tecamac. Al llegar al destino, descienden de la camioneta de prisa para perderse en el pasillo que las lleva a la parte posterior de un bar, donde trabajaran hasta las cuatro de la madrugada.

Salvador, da la vuelta, va a bajar un momento, me pide descienda rápido y lo espere a varias cuadras de distancia. No sabe cuanto va a tardar. Tiene miedo, mucho miedo.

Después de un par de horas, aparece la camioneta, me pide suba rápido. Ya en el trayecto le hago algunas preguntas acerca de este trabajo, de su miedo y de su riesgo de llevarme en este transporte de mujeres, alcohol y a veces, comida.

La noche de cálida empieza a ser fría, llegamos a una de las colonias del límite de Ecatepec con el D.F. otro bar, otra realidad. Mujeres entradas a los cuarenta años acopladas a parroquianos. La luz es más bien débil, olor a sudor y cerveza rancia. Desde una rendija observo como se mueve el jefe del bar, es un muchacho que no levanta los 20 años, alto, robusto, con una incipiente barba, pero “huevudo” como dicen las mujeres que ahí trabajan.

A lado, igual que en el bar de Tecamac, es una vecindad, donde viven decenas de familias hacinadas, “arrejuntadas”, al fondo hay varios cuartos que tiene en renta el bar, lo contrataron para bodega, pero en realidad hay un catre con una colchoneta sucia, muy sucia y con olor a podrido, una repisa de metal con una tabla, un rollo de papel Higiénico y una cubeta de agua. La puerta es de lámina, el techo de lámina y se alumbra por un foco que pende del cable colgado a un clavo de la pared. El cuarto cuesta 100 pesos y el servicio de 250 a 400 pesos.

De ahí a la Vía Morelos y a las colonias de las alturas. En una de ellas, detrás de la fachada de un taller de costura, se encierran otras historias. En el patio hay mesas donde sirven cervezas, las mujeres, casi todas de menos de 20 años alternan con los clientes, también jóvenes. El taller trabaja las 24 horas del día, por una puerta pequeña se puede pasar, hay sexo, mucho sexo, este negocio es de los mismos dueños de los bares que operan por decenas en cuando menos cinco estados del país.

Pasa de la una de la mañana, Salvador ha tenido que conseguir botanas, hielo y bebidas y cigarros porque se han agotado en el bar de las alturas de Ecatepec. La llegada a Texcoco es rápida, en las inmediaciones de Atenco, en una casa se aprecian cuatro vehículos de lujo en la acera, la camioneta se estaciona a unos metros de distancia, desciendo. Después de un rato, la camioneta parte hacía Texcoco, ahí vamos. En una calle que da a la orilla de San Bernardino, sucede lo que en la anterior. Carros de lujo a las afueras de una casa, dentro hay juerga, las cosas en calma, sin sobresaltos. En la Paz, tres bares están cerrando, la gente ya marchó y el recorrido termina en la zona de Valle de Chalco, donde las mujeres que salieron de la casa de Tezoyuca, están agotadas y no regresarán sino hasta el lunes a medio día.

Salvador se fue. Los tonos grises que anuncian la mañana ya se dibujan en el horizonte. La vida invisible ha terminado. En el cuarto de aquella vecindad, en el corazón de Valle de Chalco, hay cuando menos diez mujeres que están metidas desde hace dos años en el negocio de la ficha, el sexo servicio y la atención a clientes en hoteles o baños públicos si así lo piden.

Olga* es originaria de Tuxtepec, Oaxaca, tiene 27 años de edad. Trabajó en una empresa de plásticos, cuando llegó a Córdoba empezó a tomar, fue así como conoció al dueño de un bar, le ofreció trabajo, le gustó y después de seis años sigue en lo mismo.

¿Ahora trabajas para una empresa?

Un diciembre fui a Texmelucan en Puebla, fui a comprar ropa para mi y mi familia. Cuando ya tenía los paquetes para ir a la terminal, un hombre me agarró del brazo muy fuerte, me dijo que si quería trabajar en Puebla tenía que hablar con él. Le explique que solo había ido a comprar ropa y que me iba ya a Puebla y de ahí a mi tierra. Me pidió entonces que platicáramos un rato ahí cerca. Fue ahí donde me ofreció empleo en algunos bares de Tlaxcala, Apizaco y Calpulalpan. Quede de volver, me fui y unos meses después le llame, acepté. Hace un poco más de dos años empecé.

A fines de 2009, me dijeron que tenía que ir a una fiesta cerca de Teotihuacan, me dieron ropa y me pidieron estuviera dispuesta a todo, que la paga iba a ser buena. Nos llevaron a varias chicas a una casa de Acolman, ahí llegaron como quince hombres, todos dijeron se dedicaban a la política. La fiesta comenzó a las once de la noche y termino casi a las ocho de la mañana. Después de dos semanas, me ofreció el trabajo en bares y fiestas en la zona de Texcoco, Ecatepec y Valle de Chalco. Pero ya me siento agotada, ha sido un año muy duro, de mucho trabajo. La paga es buena y las propinas no son malas, pero ya voy a descansar. El último de este año termino, ya le avise al que me contrató y está de acuerdo.

No se si sea una empresa, nunca nos han obligado a nada, cuando menos a mi. Nos han pagado puntualmente. Cuando alguna ha estado enferma ha sido atendida. Nos dan un sueldo y aparte hay comisiones, propinas y ayuda a veces. Hay varias casas en diferentes lugares que se repente se abren, las llamamos vecindades. Pasan días o semanas que no hay movimiento, de repente un día se abren, se limpian, se arreglan, y la fiesta empieza.

Donde más he trabajado ha sido en Texcoco, también en Acolman y Valle de Chalco. En Texcoco cuando menos he estado en cuatro casas que son de las personas que manejan el negocio. Dónde están, eso si no lo puedo decir.

¿Cuál ha sido tu peor experiencia?

Un día unos maestros de Chapingo nos contrataron para ir a una fiesta con alumnos de la universidad, porque había elecciones para rector. Todos los chamacos estaban asustados, los habían amenazado, les pusieron una cantidad exagerada de cervezas y alcohol, cuando comenzó la fiesta todos estaban muy borrachos, le mentaban la madre al que pagó la fiesta, entraron varios tipos, yo creo que eran policías por la botas y el pantalón que llevaban, sacaron como a cinco o seis y se los llevaron, al resto también les pidieron que se fueran. Nos pagaron y un tipo nos amenazó para que no hiciéramos ninguna denuncia. Uno de esos tipos que saco a los chamacos, hace poco lo vi como jefe de algo en Chapingo.

Esa ha sido una de las peores experiencias que he vivido. Sobretodo porque había jovencitos, apenas habían entrado a la preparatoria y los embrutecieron.

Lo demás te lo platico en otra ocasión, porque debo irme a Ecatepec. Allá hoy nos toca la fiesta.

*Los nombres han sido cambiados

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