MTI/ La Razón | Otto Granados
Publicada: Junio 15, 2012

Con frecuencia pasamos por alto la vinculación de México con el mundo y a ratos nos imaginamos solos en el universo. Es muy raro cuando nos preguntamos a qué país quisiéramos parecernos o dónde estamos en un escenario cambiante en el que unas naciones van en caída libre y otras se vuelven jugadores decisivos.
Pero un repaso rápido de cifras dice algo de México en el mundo.
México participa en prácticamente todos los organismos internacionales del sistema de Naciones Unidas y aporta recursos económicos nada despreciables para su operación. Hay unos 250 o 300 mexicanos que, a distintos niveles, son funcionarios internacionales, algunos de ellos muy relevantes, como Bernardo Sepúlveda, que es Vicepresidente de la Corte Internacional de Justicia; Ángel Gurría encabeza la OCDE; Alicia Bárcena es la secretaria ejecutiva de CEPAL; Jorge Montaño es miembro de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes; Santiago Levy es vicepresidente del BID; Pilar Álvarez es subdirectora de la UNESCO, entre otros. Y hay más de 12 millones de mexicanos viviendo en el resto del mundo que están registrados en las oficinas consulares.
Por otra parte, casi se nos olvida que México ha suscrito ya 11 tratados comerciales con 43 países que representan más de mil millones de habitantes y alrededor del 67% del producto mundial, y durante el año pasado el comercio exterior total (exportaciones más importaciones) alcanzó los 700 mil millones de dólares. Además, las empresas mexicanas cada vez invierten más en otros países: entre 2000 y 2005, por ejemplo, México invirtió 3 mil 500 millones de dólares, y de 2006 a 2011 poco más de 45 mil, una muy buena parte de los cuales fueron hacia América Latina y el Caribe.
La cuestión, pues, no reside en tener o no pasaporte o en decidir, por pura voluntad, que el gobierno se aísle del exterior. Es, más bien, que sencillamente no hay opción —y qué bueno— y, por consecuencia, la pregunta pertinente que debe ser formulada y discutida es qué papel quiere México jugar en el mundo en función de un conjunto de objetivos que sean buenos para el país y útiles para la convivencia internacional.
De vez en cuando es muy saludable una miradita más allá de la nariz.