Alejandro Palafox B. para Alianzatex
Publicada: Julio 26, 2012

Una celebración Eucarística con el Papa. VATICAN ISIDER | TEHUACAN HOY
Ya en 2006, un año después de la elección de Ratzinger, la Congregación para el Culto Divino invitó a las conferencias episcopales a incluir la traducción correcta en las nuevas ediciones de los misales. En muchos países se pasó del «por todos» al «por muchos»: Hungría, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, e incluso en las Iglesias que celebran la eucaristía en inglés, en las que el «for all» se transformó en «for many».
En Italia se llevó a cabo una elección para tomar una decisión durante la asamblea general de la CEI en Asís, en noviembre de 2010; 171 de los 187 votantes se expresaron a favor de que se mantuviera la traducción «por todos». El motivo principal era que, en ciertas lenguas, la expresión «por muchos» suena como opuesta al «por todos», como si la llamada universal a la salvación y el sacrificio de Cristo no fuera para todos. Es un don absolutamente gratuito, pero exige el «sí» de quien lo recibe.
En la lengua italiana, particularmente, el cambio podría hacer que se piense en na fórmula más restrictiva, como si el sacrificio de Jesús y la salvación del hombre por su sacrificio no fuera para todos. Una propuesta para solucionar el dilema aparece en el libro del biblista Francesco Pieri, de la diócesis de Boloña, titulado «Per una moltitudine. Sulla traduzione delle parole eucaristiche» (Dehoniana Libri, 48 pp., 4,50 euros).
El estudioso, compartiendo la intención de una fidelidad mayor al texto original, no considera que la traducción italiana «por muchos» sea la mejor solución. Comparte la opinión de los exégetas (como la del biblista Albert Vanhoye, creado cardenal por Benedicto XVI en 2006), según la cual la palabra hebrea «rabbim» que yace bajo el término griego «pollón» significa «un gran número», sin ninguna especificación que haga referencia a la totalidad o no. Pieri propone, pues, que se adopte en el texto italiano la misma solución que han adoptado los obispos franceses: «pour la multitude», o sea «por la multitud» o, incluso, como el título de su ensayo, «por una multitud». Se traduciría de esta forma el texto evangélico con fidelidad y al mismo tiempo se evitaría dar a entender una idea equivocada sobre el alcance universal de la salvación ofrecida por Cristo.