Jueves, Junio 20, 2013

Religión

Basta de sangre en Siria e Irak

Alejandro Palafox B. para Alianzatex
Publicada: Julio 29, 2012

El Papa en Castelgandolfo. VATICAN | TEXCOCO PRESS

Tehuacán, Puebla.- (Texcoco Mass Media).- «Renuevo un fuerte llamado para que se ponga fin a cualquier violencia y derramamiento de sangre» en Siria. Lo afirmó Benedicto XVI después del Ángelus en Castelgandolfo. «Sigo con aprehensión los trágicos y crecientes episodios de violencia en Siria con la triste secuencia de muertes y heridos, incluso entre los civiles, y un ingente número de despalzados y de refugiados en los países limítrofes. Por ellos pido que se garantice la necesaria asistencia humanitaria y la ayuda solidaria», subrayó. «Renovando mi cercanía a la población que sufre y el recuerdo en la oración, pido a Dios –concluyó– la sabiduría del corazón, en particular por los que tienen mayores responsabilidades, para que se use cualquier esfuerzo en la búsqueda de la paz, incluso por parte de la comunidad internacional, mediante el di’alogo y la reconciliación, en vista de una adecuada solución pacífica del conflicto».

El Papa también espera que Irak, «este gran país», «pueda encontrar la vía de la estabilidad, de la reconciliación y de la paz». Benedicto XVI después recordó los «numerosos y graves atentados» que «han provocado muchos muertos y heridos» en ese país.

Ratzinger no dejó de animar a los organizadores de la próxima JMJ de Río de Janeiro, que se llevará a cabo justamente en este periodo, dentro de un año. «Se trata –explicó– de una preciosa ocasión para que tantos jóvenes experimenten la alegría y la belleza de pertenecer a la Iglesia y de vivir la fe». «Veo con esperanza este evento y deseo animar y agradecer de a los organizadores, especialmente a la arquidiócesis de Río de jnaeiro, ocupados para preparar con eficacia la acogida de los jóvenes que, desde todo el mundo, formarán parte de este importante encuentro eclesial».

Durante el ángelus, el Papa se detuvo para reflexionar sobre el tema del milagro de la Eucaristía. El milagro, observó no se produce de la nada, pero, como en la multiplicación de los panes y los peces, «Jesús no nos pide lo que no tenemos, sino que nos hace ver que, si cada uno ofrece lo poco que tiene, puede cumplirse de nuevo, siempre, el milagro: Dios –explicó– es capaz de multiplicar cada uno de nuestros pequeños gestos de amor y hacernos partícipes de su don».

«Oremos –había concluido– para que no le falte nunca a nadie el pan necesario para una vida digna, y para que se derriben las desigualdades no con las armas de la violencia, sino compartiendo y con el amor».

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