MTI/ Texcoco Mass Media/César Camacho
Publicada: Agosto 28, 2012

Dado que no estamos frente a los supuestos previstos por la legislación electoral ni de acuerdo con los criterios del propio Tribunal para la nulidad o invalidez de la elección, la inminente sentencia del TEPJF debe dar cuenta de la expresión mayoritaria de los electores, y respuesta a todo tipo de inquietudes.
En ese contexto, el momento histórico impone a la coalición Movimiento Progresista y quienes la encabezan, el dilema estudiado por Juan Linz, de optar por ser una oposición leal en un contexto democrático, o seguir la línea de la oposición desleal, aquella que “florece en situaciones de crisis, normalmente muy onerosas para las instituciones democráticas, en las que los partidos se transforman en fuerzas antisistema, recurren a la exacerbación de los antagonismos de un electorado temeroso, frustrado, ansioso o impaciente, y no se limitan a desacreditar a sus adversarios políticos, sino que amplían sus objetivos para abarcar al sistema democrático en su conjunto”.
Desafortunadas declaraciones del dirigente nacional del PRD, parecieran invocar, por no decir: incitar, al estallido social. Grave irresponsabilidad política que ya anuncia su deslealtad con el destino de paz y prosperidad del país que la mayoría de los mexicanos, sin duda, deseamos, y por el cual estamos dispuestos a trabajar.
Por el bien de México, el proceso electoral debe dar paso a la certeza de que imperarán la Ley y la concordia, ambiente en el que el trabajo y la participación de todos permitan la realización de un proyecto nacional duradero en el que se restablezca la confianza.
Es deseable dejar atrás las expresiones que han bajado el nivel de la discusión y de la política, y hacer que ésta recupere seriedad, que sea un espacio de reflexión, una posibilidad de construir y no de destruir; un clima de civilidad en el que las expresiones políticas diversas, aprendan a ganar y a perder, aprecien y respeten el veredicto de las urnas, de la Ley y la justicia. Eso es lo menos que México merece.