Sábado, Marzo 25, 2017

Bruselas; Francisco: «Que todos condenen estos crímenes abominables»

Alejandro Palafox Beristain para Alianzatex
Publicada: Marzo 23, 2016

En recuerdo de las víctimas de los ataques terroristas. LAPRESSE//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • Los autores tienen «corazones cegados por el fundamentalismo cruel». En la catequesis: «La Pasión de Jesús es compartir con los sufrimientos de la humanidad»

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- El amor de Dios «va hasta el fin, sin fin», y expresa la «solidaridad con los abandonados de siempre». Lo dijo Papa Francisco durante la Audiencia general de los miércoles, en una catequesis sobre el Triduo Pascual. «Es una historia de amor que no conoce obstáculos —añadió. La Pasión de Jesús es compartir con los sufrimientos de la humanidad»: El Pontífice lanzó, con respecto a los atentados terroristas en Bruselas, un fuerte llamado a todas las personas de buena voluntad «para unirse en la unánime condena de estos crímenes abominables que están causando solo muerte, terror y horror».

Alrededor de 30 mil fieles estuvieron en la Plaza San Pedro para seguir la audiencia de hoy, después de pasar todas las medidas de seguridad predispuestas por las autoridades. El Papa dio su acostumbrada vuelta entre los fieles a bordo del papamóvil, y se detuvo para besar a muchos niños.

«Viviremos el Jueves, el Viernes y el Sábado Santo —afirmó en su catequesis— como momentos fuertes que nos permiten entrar siempre más en el gran misterio de nuestra fe: la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo».

«Todo, en estos tres días —explicó—, habla de misericordia, porque hace visible hasta dónde puede llegar el amor de Dios. Escucharemos la narración de los últimos días de la vida de Jesús. El evangelista Juan nos ofrece la clave para comprender el sentido profundo: ‘Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin’. El amor de Dios no tiene límites. Como repetía muchas veces San Agustín, es un amor que va “hasta el fin, sin fin”. Dios se ofrece verdaderamente todo por cada uno de nosotros y no se conserva en nada. El Misterio que adoramos en esta Semana Santa es una gran historia de amor que no conoce obstáculos. La Pasión de Jesús dura hasta el final del mundo, porque es una historia del compartir los sufrimientos de toda la humanidad y una permanente presencia en las vicisitudes de la vida personal de cada uno de nosotros. Pues, el Triduo Pascual es memorial de un drama de amor que nos da la certeza de que no seremos jamás abandonados en las pruebas de la vida».

Reflexionando sobre el Jueves Santo, Francisco resaltó que «Jesús instituye la Eucaristía, anticipando en el banquete pascual su sacrificio en el Gólgota. Para hacer comprender a los discípulos el amor que lo anima, a ellos les lava los pies, ofreciendo una vez más el ejemplo en primera persona de como ellos mismos deberán actuar. La Eucaristía es el amor que se hace servicio. Es la presencia sublime de Cristo que desea nutrir a cada hombre, sobre todo a los más débiles, para hacerlos capaces de un camino de testimonio entre las dificultades del mundo. No solo. En el darse a nosotros como alimento, Jesús atestigua que debemos aprender a compartir con los demás este alimento para que se convierta en una verdadera comunión de vida con cuantos están en la necesidad. Él se dona a nosotros y nos pide permanecer en Él para hacer lo mismo».

El Viernes Santo, en cambio, es el momento «culminante del amor. La muerte de Jesús, que en la cruz se abandona al Padre para ofrecer la salvación al mundo entero, expresa el amor donado hasta el final, hasta el final, sin fin. Un amor que busca abrazar a todos, ninguno excluido. Un amor que se extiende a todo tiempo y a cada lugar: un fuente inagotable de salvación a la cual cada uno de nosotros, pecadores, puede acercase. Si Dios nos ha demostrado su amor supremo en la muerte de Jesús, entonces también nosotros, regenerados por el Espíritu Santo, podemos y debemos amarnos los unos a los otros».

Y al final del Triduo está el Sábado Santo, el día del silencio, principalmente del silencio de Dios: «Debe ser un día de silencio, y nosotros debemos hacer de todo para que sea una jornada de silencio, como había sido en aquel tiempo: el día del silencio de Dios. Jesús puesto en el sepulcro comparte con toda la humanidad el drama de la muerte. Es un silencio que habla y expresa el amor como solidaridad con los abandonados de siempre, que el Hijo de Dios alcanza colmando el vacío que solo la misericordia infinita del Padre Dios puede llenar. Dios calla, pero por amor. En este día el amor (ese amor silencioso) se hace espera de la vida en la resurrección».

El tiempo de la Pascua es «un gran misterio de amor y de misericordia», para el que «nuestras palabras son pobres e insuficientes para expresarlo plenamente». Pero el Papa pidió que en estos días, mientras mantenemos la mirada fija en la Pasión y en la muerte del Señor, «acojamos en nuestro corazón la grandeza de su amor y, como la Virgen el Sábado, en silencio, en espera de la Resurrección».

El Papa concluyó la Audiencia general del Miércoles Santo, con un apremiante llamado y con su profundo dolor por los atentados terroristas en la capital belga. Francisco elevó un Ave María desde la Plaza de San Pedro, junto con miles de peregrinos de todo el mundo por las víctimas del fundamentalismo cruel.

«Con dolor en el corazón he seguido las tristes noticias de los atentados terroristas de ayer en Bruselas, que han causado numerosas víctimas mortales y heridos. Aseguro mi oración y mi cercanía —dijo como había escrito ayer en su telegrama al presidente de los obispos del país— a la querida población belga, a todos los familiares de las víctimas mortales y a todos los heridos. Dirijo nuevamente un llamamiento a todas las personas de buena voluntad para que se unan en la unánime condena de estos crueles actos abominables que están causando sólo muerte terror y horror.

A todos les pido que perseveren en la oración y en pedir al Señor que en esta Semana Santa consuele los corazones afligidos y convierta los corazones de esas personas cegadas por un fundamentalismo cruel. Por intercesión de la Virgen María. Recemos un Ave María… Ahora, en silencio, recemos por los fallecidos, por los heridos, por sus familiares y por todo el pueblo belga».

VATICAN/DOMINGO AGASSO JR/TEXCOCO

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