Domingo, Diciembre 17, 2017

Brasil: grupos tratan de llevar la indignación a la política

MTI Texcoco Mass Media/Samantha Venegas
Publicada: Diciembre 07, 2017

Brasileños exigen ser escuchados.AP//TEXCOCO PHOTO

SAO PAULO.- (Texcoco Press).- Algo ha estallado en Brasil.

Tras una de las recesiones más profundas en su historia moderna, el mayor escándalo de corrupción en Latinoamérica y más de un año con el que podría ser el presidente más impopular del mundo, los brasileños están desesperados por conseguir cambios, tanto que algunos piden el regreso de una dictadura militar.

Pero un puñado de nuevas organizaciones intenta canalizar esa indignación para renovar la democracia del país, llevando caras nuevas a una clase política percibida de forma generalizada como aislada y poco representativa.

“La idea era sencilla: cómo convertir la indignación en acción política”, dijo Jose Frederico Lyra Netto, cofundador de Acredito, uno de los nuevos movimientos no partisanos.

Acredito y otro grupo llamado Agora! confían en presentar a las elecciones del año que viene unos 30 candidatos cada uno que no hayan ocupado cargos públicos antes. Han pedido a gente de todo el país que ayude a crear sus plataformas proponiendo soluciones para los asuntos más espinosos: desigualdad, delincuencia, escuelas fracasadas y una población envejecida sin un sistema de seguridad social estable. Sus esfuerzos se centran en las legislaturas estatales y federal.

Una tercera organización, RenovaBR, ha ofrecido formación y cubrir los costes para mantener a unos 150 recién llegados, que se están seleccionando de entre miles de aspirantes que quieren optar a un cargo. Deben comprometerse a mantener estrechos lazos con sus votantes, por ejemplo justificando todos sus votos.

Estos movimientos tienen la mira puesta en un sistema que afirman ha dejado de representar a los brasileños.

A pesar de que el índice de aprobación del presidente, Michel Temer, ha quedado cerca del margen de error por encima del cero, sus aliados en el Congreso han logrado bloquear en dos ocasiones los intentos de juzgarlo por cargos de corrupción presentados por fiscales federales. Muchos parlamentarios recelan de estos juicios porque también ellos se han visto implicados en escándalos de corrupción.

Parte de la desconexión entre políticos y votantes deriva de la forma en la que los partidos brasileños eligen _y descartan_ ahora a sus candidatos.

Los líderes de los partidos tienen un estrecho control sobre quién puede presentarse, así como de los fondos de campaña, lo que hace casi imposible que los recién llegados desafíen el status quo. Los políticos en el cargo suelen designar a un sucesor, muchas veces a un hijo o al menos un protegido, como ocurrió cuando el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva propuso a Dilma Rousseff.

El complejo sistema de partidos y la corrupción rampante también han alejado a muchos brasileños jóvenes, dejando el país en gran parte en manos de la generación que asumió el poder cuando Brasil regresó a la democracia en la década de 1980.

El nuevo sistema de financiamiento de campañas públicas favorece a los grandes partidos tradicionales y penaliza a los nuevos y más pequeños. Los independientes están prohibidos. Eso implica que estos nuevos grupos deben negociar con partidos menores ya existentes para poner a sus candidatos novatos en las papeletas, y las negociaciones ya han comenzado.

El creciente descontento contra los políticos tradicionales ha ayudado al legislador Jair Bolsonaro, que elogia la dictadura militar que dominó el país entre 1964 y 1985 y ha sido multado por tribunales por comentarios racistas, homófobos y sexistas. Se ha colocado en segundo lugar en los sondeos de opinión para las elecciones presidenciales del año que viene.

“Este entorno está abriendo una caja de Pandora de cosas muy peligrosas”, comentó Ilona Szabo, que cofundó Agora! y es una de las activistas e intelectuales más reconocidas de Brasil. “Queremos ofrecer esperanza”.

Los comicios del año que viene no tienen un claro favorito tras las revelaciones sin precedentes de corrupción por parte de la élite del país, así como por nuevas normas que prohíben el financiamiento corporativo de las campañas y la posibilidad de que el mejor posicionado en los sondeos, Lula, no pueda presentarse por una condena por corrupción.

Davis Fleischer, profesor emérito de ciencias políticas en la Universidad de Brasilia, dijo esperar una participación en torno al 70% para las elecciones al Congreso, por encima del aproximadamente 50% de un año electoral corriente.

La atmósfera de incertidumbre alimenta las conversaciones sobre las posibilidades de los recién llegados, y los nuevos movimientos han conseguido el apoyo de personas conocidas como Luciano Huck, un popular presentador de televisión que colabora con Agora! y Renova.

Eduardo Mufarej, un emprendedor que es uno de los fundadores de Renova, dijo que los que confían en que haya cambios no pueden solo sentarse a esperar. Y explicó que aborda la cuestión de cómo arreglar la política brasileña con “casi una mentalidad de inversor de riesgo”.

“Si no apoyamos a la gente, no va a producirse (un cambio) por arte de magia”, explicó Mufarej, que inició la firma de inversiones Tarpon Investimentos.

En un acto reciente de Agora! en Campo Limpo, un barrio humilde de Sao Paulo, reflejó los desafíos de construir un movimiento desde la base.

Las 15 personas sentadas en un círculo eran reacias al principio cuando se les pidió que hablaran sobre los problemas del sistema educativo brasileño. Pero una vez empezaron, fue difícil pararlos. El moderador intentaba llevar la conversación hacia las soluciones, ideas que podrían pasar a formar parte de la plataforma del grupo, pero las quejas no dejaban de surgir.

Para Cristiane Borges, que asistió a un acto reciente de Acredito en otro barrio modesto llamado Capao Redondo, este proceso de preguntarle a la gente loq ue quiere de sus políticos ya es un paso en la dirección correcta. Los brasileños llevan demasiado tiempo aceptando lo que fuera que se les ofrecía, afirmó.

“Creamos este monstruo al no cuestionarlo”, dijo Borges, de 43 años, que tiene un pequeño negocio vendiendo repostería desde su casa. “Lo que podemos hacer es reunir a un gran grupo de gente... y hacernos oír”.

AP/ANOTO

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